Torrelavega (Cantabria)
Mirador de la Montaña
         Hace cerca de 300 años que el historiador Benedictino Fray francisco Sotas, apoyándose en sólido aparato documental publicó  un voluminoso infolio titulado <<Crónica de los Príncipes de Asturias y Cantabria>>.

         Según este historiador, el origen de la villa de la Vega tuvo lugar en las postrimerías del siglo XI  o primeros del XII, bajo el reinado de Alfonso VI "El Bravo", y es su fundador un caballero llamado Diego González, emparentado con los antiguos Condes de Asturias de Santillana, hijo de Gonzalo Núñez, Señor de Lara, de lo que se deduce que la casa de la Vega es una de las ramas de la poderosísima casa de Lara, descendiente de aquellos Duques de Cantabria que engendraron también a Pelayo, el rey de la epopeya de Covadonga.

         En los diversos solares que correspondieron a Diego González, que como hijo mayor llevaba el Señorío y representación de la Casa, eligió para su habitación los terrenos de la Vega, en el valle de Camesa, edificando una torre alta y fuerte, junto a la que sus sucesores elevaron  posteriormente otra de la misma altura y fortaleza, que aún se conservaba en el siglo XVII. Al territorio de Camesa correspondían algunos pueblos del actual municipio de Piélagos y la línea de demarcación venía a Suances y Ubiarco hasta Quijas  y confines del valle de Cabezón de la Sal en sierra de Ibio, siguiendo hacia el valle de Buelna.

         El mayor de los hijos de Diego González fué Gómez Díez, personaje que gozó de muchos favores del Rey Alfonso VII, quién le concedió el título de Conde de Liébana, y su vida se prolonga hasta el reinado de Alfonso VIII, cuyo monarca le dispensa diversas mercedes, entre ellas la del Patronato de Santo Toribio de Liébana. Sucede al Conde Gómez Díez en el Señorío de la casa de la Vega, su hijo, Diego Gómez el cual se distinguió como gran guerrero en la batalla de las Navas de Tolosa -1.212-. Se supone que hijo o nieto de Diego Gómez, <<sería el valiente paladín, cuyo nombre calla la historia, el cual debía ganar nuevo y propio apellido que sustituir al patronímico y añadir al del solar>>, presentándose <<al cabo de una batalla, maltratado y rendido de pelear, jadeante y sin alientos... ante la hueste cuya victoria había asegurado>>. <<Lasso vienes -le dijo el rey- LASSO seas>>, y los Lasso de la Vega fueron tanto adelante, que corto tiempo después, en los de don Alfonso el Sabio, era Almirante del Océano un Pero Lasso de la Vega.

        Hereda los bienes de Diego Gómez su hijo Rodrigo Díaz. Fue éste el primero que a su patronímico añadió el apellido del solar, llamándose Ruy Díez de la Vega, quien también goza de los favores del rey Alfonso VIII, junto al que figura confirmando escrituras, e igualmente en el segundo año del reinado de San Fernando, confirma la donación que había hecho aquel rey, a la catedral de Burgos, del monasterio de San Julián de Mena.

        Ruy Díez de la Vega, engendró a Gonzalo Ruiz de la Vega, padre de Pedro Lasso de la Vega, Almirante Mayor de Castilla en tiempos de Alfonso el Sabio. Más la notoriedad y el relieve de esta rancia familia comienza en Garcilaso, hijo de Pedro Lasso de la Vega, a quién la historia  distingue con el nombre de EL VIEJO, que fué el primero que llevó el nombre de Garcilaso, contracción de García-Lasso. Adelantado de Castilla, justicia mayor y gran privado de Alfonso XI recibe de éste grandes favores, lo que en unión de sus servicios a la corona castellana, le valió el odio de la grandeza. En el año 1.326, cumpliendo órdenes del citado monarca marcha a Soria a guerrear contra el infante don Juan Manuel, y estando oyendo misa con su comitiva en el Monasterio de San Francisco, sus enemigos irrumpen en cantidad numerosa y le dan muerte, así como a uno de sus hijos llamado Pedro y a todos los demás caballeros y escuderos que le acompañaban.

        Tomó el rey bajo su favor y amparo a los dos hijos que le quedaron vivos, llamado también uno de ellos Garcilaso y el otro Gonzalo, quienes consiguieron gran relieve en diversos hechos de armas, cooperando con sus vasallos al cerco de Lerma, a la toma del castillo de Busto y al prolongado cerco de Algeciras, pero donde adquieren excepcional renombre fue en el Salado, cuya batalla gana la causa cristiana por el arrojo de los dos hermanos que, en un impetuoso arranque, atravesaron en el momento supremo un puentecillo de madera que había sobre el citado río, seguidos por unos ochocientos hombres, atacando tan bizarramente, que hicieron cejar a una hueste de más de dos mil quinientos jinetes africanos, y como consecuencia se obtuvo una de las victorias más decisivas de la Reconquista. El rey Alfonso XI premió los servicios de don Gonzalo, armándole caballero y concediéndole el señorío de las Asturias de Santillana, donación, por cierto, fue origen de enconadas luchas entre los partidarios del Abad y los Señores de la torre de la Vega. Muerto don Gonzalo a principios del año 1.351 sin hijos varones, pasaron sus bienes y privilegios a su hermano Garcilaso. Le sobrevive éste poco tiempo. El rey don Pedro I, que le había nombrado Adelantado Mayor de Castilla en 1.350, cayó enfermo de gravedad y Garcilaso, entonces, toma contacto con los partidarios de Juan Núñez de Lara, descendiente de los Infantes de la Cerda, designado para sucederle en el reinado en caso de muerte, pero don Pedro recobró su salud y, enterado por su favorito Juan Alonso de Alburquerque de los manejos del Adelantado entró en sospechas acerca de su lealtad, por lo que se formaron sendos partidos capitaneados por los dos influyentes personajes. Con motivo de un impuesto que en el año 1.351 el rey quiso cobrar a Burgos y ante la negativa de la ciudad a pagarlo, decidió don Pedro castigar personalmente a los revoltosos, Garcilaso aconsejó al rey que no fuese a Burgos acompañado de Alburquerque a fin de no excitar más los ánimos, pero el monarca no atendió su ruego. El Adelantado se puso de parte de los burgaleses, saliendo con ellos a recibir al rey, sugiriéndole que no entrara en  la ciudad con tanta gente. Contestó don Pedro que esto era él quién debía decidirlo, y mandó reunir inmediatamente el Consejo para acordar el castigo de los revoltosos. Por influencia de Alburquerque, se falló que el principal culpable era Garcilaso, a quién se condenó a muerte.

        En la crónica del citado rey don Pedro se relata el hecho: <<E estoce dixo el Rey muy baxo, pero que lo oían los que allí estaban: -Ballesteros prended a Garci Lasso- E don Juan Alonso tenía hy ese día tres escuderos, sus criados, de quién se fiaba,  con otros omes suyos, que estaban apercibidos y armados de fojas de yuso de los paños, e tenían espadas e bronchas, e decíanles Alfonso Fernández de Vargas e Ruy Fernández de Escobar e Ferrand García de Medina. E cuando el Rey dixo aquellas palabras, que prendiesen a Garci Lasso, estos tres escuderos… travaron luego de Garci Lasso muy denodadamente: e dixo estonce Garci Lasso al Rey: -Señor, sea la vuestra merced de me mandar un Clérigo con quién me confiese. E dixo luego a Ruy Fernández de Escobar -Ruy Fernández, amigo, ruégovos que vayades a doña Leonor, mi mujer, a traedme una carta del Papa de absolución, que ella tiene-. E Ruy Fernández se excusó de ello diciendo que lo non podía facer. E estonce diéronle un clérigo que fallaron hy por aventura, e apartose Garcilaso a un pequeño portal que estaba en la posada sobre la calle, e allí comenzó a fablar con él de penitencia… E don Juan Alonso de Alburquerque  dixo al rey: -Señor, mandad lo que se ha de facer-. E estonce mandó el Rey a Vasco Alonso de Portogal e a Alvar González Morán, que eran dos caballeros que guardaban a don Juan Alonso, que dixesen a los ballesteros que tenían preso a Garci Lasso, que le matasen. E ellos fueron al portal do Garci Lasso estaba e mandáronlo a los ballesteros, e ellos non lo osaban facer, hasta que uno, llamado Juan Ruiz de Oña, salió al Rey, e díxole: -Señor, ¿Que mandades facer de Garci Lasso?- E dixo el Rey: -Mándovos que le matades>>.

         Si pronta y breve fue la sentencia, pronta y breve fue también la ejecución. El cuerpo del desgraciado ricohome cayó en tierra a los golpes de las mazas y de las cuchillas de los terribles ejecutores. También los que fueron con Garcilaso sufrieron después pena capital, entre ellos dos de sus cuñados y se encarceló a su infeliz viuda con otras varias personas. El hijo mayor, del mismo nombre, y algunos de sus servidores pudieron huir a las Asturias de Oviedo, donde se encontraba el Conde don Enrique de Trastamara, quién les prestó amparo. La intervención de este tercer Garcilaso en las contiendas de si tiempo, es más discreta que la de sus antecesores. Anhelando vengar la afrentosa muerte de su padre, se alista entre los enemigos de don Pedro, y en la flor de su juventud todavía, halla la muerte con otros caballeros montañeses en el año 1.367, combatiendo por el de Trastamara en la batalla de Nájera.

No tuvo este tercer Garcilaso hijos varones, quedando como única heredera su hija doña Leonor Laso de la Vega, que casó en primeras nupcias con don Juan Téllez de Castilla, nieto del rey Alfonso XI, y en segundas, con don Diego Hurtado de Mendoza, Almirante Mayor de Castilla. De este segundo matrimonio nace en el año 1.398 don Iñigo López de Mendoza y Laso de la Vega, el insigne autor de la Serrana de la Finojosa, modelo de gracia y donaire. Su acertada intervención en los acontecimientos políticos de la época y los muchos servicios que en las guerras con los moros y los magnates prestara a don Juan II, le valieron los títulos de Marqués de Santillana y Conde del Real de Manzanares.

         Sucede a éste esclarecido varón, su hijo don Diego Hurtado de Mendoza, segundo Marqués de Santillana, a quién Isabel la Católica, en el año 1.475, concedió el título de Duque del Infantado, y desde entonces la antigua casa  de los Garcilaso es conocida por palacio y estados de los Duques del Infantado, cuya linajuda familia se extingue en don Pedro Alcántara de Toledo, político de gran relieve que fallece soltero en el año 1.481, pasando sus bienes y títulos a la casa de Osuna. En el año 1.482, a la muerte del Duque de Osuna, don Mariano Téllez-Girón y Beaufort, que durante mucho tiempo fue embajador extraordinario cerca del emperador de Rusia, y que con su esplendidez hizo célebre en el siglo XIX el nombre de Osuna, el título de Duque del Infantado, entró en la casa de Valdemediano en la persona de don Andrés Avelino Arteaga.

        Los primeros datos fehacientes que sobre el origen de TORRELAVEGA que pueden recogerse, datan del siglo XIV y están contenidos en el famosos libro de Becerro de las Behetrías, especie de catastro hecho a mediados de la citada centuria por orden de Alfonso XI, terminándose en el reinado de su hijo don Pedro -1.352-, en el que se asentaron las behetrías de las merindades de Castilla y los derechos pertenecientes a la corona y los señores. Behetría es una de las formas del señorío en las que los vasallos elegían por señor a la persona de su agrado. En este libro ya aparece <<Pando. Del Obispado de Burgos. Este lograr es behetría e an por naturales los de la vega, e non saben otro natural, e aquel dicho logar, que está agora por García Fernández Manrique, que ge lo dió el Rey>>. Cuando el segundo Garcilaso fue ejecutado en Burgos y su esposa reducida a prisión, se les confiscaron a su vez sus estados que son distribuidos entre el de Alburquerque, Garcí Fernández Manrique y algunos otros favoritos del rey don Pedro. A la muerte de éste, los herederos de los Garcilaso volvieron a entrar en posesión de cuanto les había quitado este monarca.

        A la fundación de la villa de la Vega, existía ya la agrupación o lugar de Pando donde estaba enclava, con solares propios e iglesia llamada de Sierrapando, que era Priorato del Monasterio de Oña, por lo que la villa de la Vega tuvo que ser en sus primeros tiempos un barrio de aquella agrupación a la que estaba supeditada por estar allí la parroquia. Para emanciparse la jurisdicción eclesiástica del Patronato de Oña, los señores de la Vega construyeron  dentro de sus fosos una capilla, bajo la advocación de Santa María de la Vega, dedicada a la Asunción de la Virgen, sin duda por la divisa del AVE MARIA GRATIA PLENA, que de algunos siglos antes que los Garcilaso adornaba ya en los escudos de esta familia.. Según la tradición,  el Ave María gratia plena, divisa de la casa de la Vega, la tomaron de sus progenitores los Príncipes de Cantabria, en conmemoración de que el Duque Lucio Lupo fue con otros españoles a Jerusalén para visitar a Nuestra Señora y pedirla les enviara un discípulo que les instruyese en la fe y verdadera religión de Cristo, y que venido Santiago a España, abrazaron y profesaron la ley cristiana este Duque con su familia y vasallos de Cantabria. Por otra parte, refiere Amós de Escalante que en el paso del puente sobre el Salado fue donde, ofendido Garcilaso de la insolencia del gallardo moro que traía atado a la cola de su caballo un listón con las letras Ave María, cerró con él un desafío, dióle muerte y puso las letras azules sobre el oro fulgente de su limpio escudo.

        El primer Marqués de Santillana, don Iñigo López de Mendoza, usaba constantemente en sus escudos y banderas el Ave María, cuyo mote quedó en las armas de la casa del Infantado y en el escudo de Torrelavega. Esta distinción heráldica nos demuestra la especial devoción que los Vega tuvieron a la Santísima Virgen, y de aquí proviene el que muchas veces se les conociese por los Garcilaso del Ave María.

       El escudo ha tenido algunas variaciones. Sobre una de las columnas del claustro de la Colegiata de Santillana se apoya un capitel en el que está el escudo de los Garcilaso con una banda verde  y el Ave María dividido en pal. Otro de los primitivos era en el campo de oro liso con el lema <<Ave María gratia plena>>. Más tarde fue usado cuartelado en aspa, el cuartel superior e inferior en campo azul, dos bandas de oro y en el centro una de gules, los de la izquierda y derecha con el citado lema que empieza en la izquierda. Otros escudos de esta familia no tenían banda de gules.

       En los albores del período gótico fueron construidas muchas torres por los nobles montañeses. Por las ruinas de la torre de  la Vega que hemos conocido, testimonio mudo de su histórico pasado, hemos apreciado que su edificación corresponde al tipo clásico de la torre feudal.

       Quizá esta torre estuviese originalmente distribuida de la misma forma que la del Merino, de Santillana, construida hacia la misma época y que el ilustre maestro don Vicente Lampérez en su obra <<Arquitectura Civil Española>> nos dice que <<el piso bajo alojó una cocina y el cuerpo de guardia, el principal fue habitación señorial, el segundo, de los servidores, con salida a los cadalsos, y terminaba la torre en azotea o adarve general>>.

       De cómo era esta edificación en el último tercio del siglo XVII, podemos hacernos una idea por el apeo hecho en el año 1.667 por don José de la Cámara, Corregidor de la Villa y su jurisdicción, que dice así:

      <<Asimismo declararon ante su merced y de mi el presente escribano todos los dichos apeadores que han visto y apeado y reconocido sus isos y mojones de las grandes CASAS Y SOLAR  DE LA VEGA, llamados INFANZONADOS, juntamente con su Capilla oratorio que hoy sirve de iglesia parroquial, y que está inclusa dentro de las murallas y palacios, y también declararon haber apeado un jardín que hay a la parte izquierda de ellas, con sus naranjos y limoneros y parrales, y los fosos y contrafosos que los rodean. Y declararon que dichas Casas lindan por la frontera de ellas con el campo y el río que desciende de las sierras del monte Dobra -se refiere al río Sorravides- que antiguamente entraba en los fosos a henchirlos de agua; y la cerca de dichos fosos pega con el camino que va a Santander. Por la parte del Poniente lindan con la viña solar de las dichas grandes Casas. Y asimismo  dichos apeadores declararon que dentro de dichas grandes Casas hay dos torres altas con sus almenas y una tribuna ventana para oír misa desde dichas grandes Casas y Palacio. Y hay otra torre alta con almenas y en ella están las campanas; que dicha capilla y sacristía están dentro de las murallas de dichas grandes Casas y de parte de dentro de la Puerta de la Audiencia judicial donde antiguamente había una puerta levadiza, que ahora en dicho sitio está dicha Audiencia de la judicatura, con una silla en la que se sientan los señores corregidores, y encima de ellas están las armas de los Excmos Señores Duques del Infantado, y por remate hacia en medio está una pintura de un Santo Cristo. Y que todo lo susodicho, casas, fosos, villa, lugares y jurisdicción, etc. corresponde a los Señores Duques del Infantado>>.

       La preponderancia de la casa de la Vega en la Montaña adquiere su máximo exponente desde el siglo XIV, y este solar gozó siempre de la mayor estima de sus señores, a pesar de que tenían otros de más importancia, como el de Liébana. El amor a este solar se patentiza aún en el siglo XVIII, pues en el año 1.771 fue la villa honrada con la visita del Duque del Infantado, con toda su familia y servidores <<desde donde visitó la ciudad de Santander, villa de Santillana, y otras suyas, pero sin haber hecho noche  alguna en ellas y sí en esta referida de Torrelavega, como más estimada por él>>.

       Símbolo del señorío y testimonio de abolengo eran estas mansiones medievales, con su castillo para defenderse del ataque del enemigo con la solidez de sus muros y a la vez contaban con salones suntuosos, galerías soleadas y alegres jardines que integraban el palacio, grato lugar para el descanso. Estos nobles montañeses eran eminentemente religiosos, y por ello dentro de casi todas sus viviendas se halla la capilla. No hay duda que ésta existía en aquellos duros tiempos de la Edad Media, pues en el Codicilo de Gonzalo Ruiz de la Vega, del año 1.349, se expresa su deseo de ser enterrado en Santa María de la Vega, antiguo nombre de la capilla de la torre. Posteriormente, en 1.418, doña Mencía de Cisneros, en su testamento, manda que se funde una capellanía por su alma y la de su esposo, el tercer Garcilaso.

       En principio, esta capilla se destinaba solamente a los señores de la torre, pues los vecinos se servían de la iglesia parroquial de Sierrapando, pero en tiempos posteriores, se nombraron cuatro capellanes para atenciones del culto, con obligación de decir dos misas cantadas los domingos y demás fiestas, la una para los Duques del Infantado y la otra por el pueblo.

      Se fueron introduciendo en la misma, variadas reformas, quedando en la iglesia que hemos conocido hasta el año 1.937, en que fue destruida. Tenía la iglesia en el centro y perpendicularmente delante del altar mayor, tres sencillas tumbas de piedra en las cuales era tradición reposaban los restos de algunos de los progenitores del linaje de los Garcilaso. En el presbiterio existía un banco de madera en cuyo respaldo se leía la siguiente inscripción <<Garcilaso de la Vega en la batalla del Salado venció al moro que llevaba en la cola del caballo el Ave María>>.

      A mediados de la pasada centuria debía encontrarse la capilla en muy malas condiciones por cuyo motivo el administrador del Duque de Osuna, decidió acometer la empresa de ampliar, restaurar y fortalecer la Capilla en el año 1.853. Bajo la tribuna que sobresalía en el extremo de la nave de la Epístola, existía un pequeño arco de medio punto, cerrado por una lápida de mármol en la cual podía leerse: <<Estos tres sepulcros que según la tradición y antiguos escritos contienen los cuerpos de doña Leonor de la Vega, de Gonzalo Ruiz de la Vega y de Francisco de la Vega SS. de los Estados y Casa de la Vega, fueron trasladados en su forma primitiva del centro de la iglesia a este panteón en el año 1.853 con permiso del Excmo. Sr. Duque de Osuna y  del Infantado, poseedor  de derecho de la Casa por este último título>>.

      Una de las tres torres que existían en el aludido Palacio, había sido levantada aparte y con posterioridad a las otras dos, y a la cual el vulgo dio en llamar TORRE DE LA VEGA, y pasando el tiempo fue este el nombre de la población en la forma más abreviada de TORRELAVEGA. Durante el reinado de Felipe V y en el lapso que media entre el mes de Marzo a Octubre  del año 1.734, es cuando oficialmente el nombre primitivo de la Vega debió trocarse en el de Torre de la Vega, a juzgar por el empadronamiento de vecinos de Polanco, hecho en esta villa como cabeza de jurisdicción, cuyo encabezamiento data del citado mes de marzo con el nombre de la Vega y se cierra con una ampliación de vecinos en el mes de octubre ya de Torre de la Vega.



              Datos obtenidos de:
                                             D. Pablo del Río Gatóo, de su libro Torrelavega
Diferentes vistas y tomas de la ciudad de Torrelavega centro industrial de la comarca del Besaya (Cantabria)
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Revisión 12.05b 03/04/2013

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